Familia Martín

Guardianes desde hace 5 generaciones de un proceso excepcional

La cultura del jamón ibérico, preciada herencia de nuestros ancestros, permanece intacta desde que, a finales del s.XIX, el primer Martín comenzara a curarlos. La historia y las costumbres de los más recónditos parajes de la dehesa han cimentado los pilares de la excepcional calidad de nuestro jamón convirtiéndolo en una joya gastronómica.

 

En Montaraz somos guardianes desde 1890 -y a través de cinco generaciones- de un proceso único y 100% natural, libre de aditivos y conservantes. Gracias a la elaboración, únicamente con sal marina y una lenta y controlada curación en nuestros secaderos naturales, logramos un jamón sublime con un intenso aroma y un sabor inigualable.

 

José Manuel Martín inicia en Frades de la Sierra la producción artesanal de jamones y embutidos ibéricos para consumo propio.

Los hermanos Teodoro y Ramón Martín Crego (hijos de José Manuel Martín) fundan en Villar de Gallimazo el primer matadero y fábrica de embutidos ibéricos.

Ramón Martín Sánchez (hijo de Ramón Martín Crego) toma las riendas del negocio familiar y funda la empresa Jamones y Embutidos JAEM S.A. Crea la marca Montaraz.

Ramón Martín Sánchez tiene una visión pionera y traslada el matadero y la fábrica a una finca rural de 100 hectáreas en el paraje Entrecaños, dando así un impulso medioambiental con el fin de evitar la contaminación en zonas urbanas y garantizar la expansión de futuras instalaciones.

Se inicia el relevo generacional. Ramón Martín Sánchez (hijo) se incorpora a la empresa después de cursar Empresariales y con la ilusión de dar continuidad a la estirpe familiar.

Un año después, gracias a su visión de futuro y al trabajo constante en la innovación, logra ser la primera empresa de ibéricos homologada para exportar a Europa, todo un hito.

Se incorpora el hermano menor, Jaime Martín Sánchez, tras terminar la carrera de Ingeniero de Caminos, con el objetivo de reforzar la tradición de la saga familiar y seguir ampliando horizontes.

Se estrechan aún más los vínculos con Extremadura gracias a que Edita Sánchez Lencero, madre de los hermanos Martín, es de allí; y se funda Señorío de Olivenza, una fábrica ubicada en la dehesa extremeña, el privilegiado hogar del cerdo ibérico.

Después de 7 años de duro trabajo, Montaraz consigue la homologación para exportar a Estados Unidos, un logro que sitúa a la marca como un referente en términos de calidad, sanitarios, capacidad técnica y productiva en el sector.

En diciembre de este año se construye el nuevo matadero con la tecnología más avanzada en el sector, siendo pioneros en sedación con CO2 en Castilla y León y cumpliendo todos los requisitos en pro del bienestar animal.

Con los últimos avances implementados y las tecnologías de última generación de las que dispone el matadero, EEUU homologa las carnes ibéricas de Montaraz para cruzar sus fronteras al cumplir los más altos estándares de calidad. Una concesión que solo logran los mejores. Ya estamos en 50 países.
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