FAMILIA MARTÍN
Desde 1890
Hablar de calidad e internacionalización en el sector del jamón ibérico de bellota es hablar de Montaraz. En 1890, José Manuel Martín inició la elaboración artesanal de jamones y embutidos ibéricos para su propio consumo en Frades de la Sierra (Salamanca).
Una genética propia
Desde hace tres años, la familia Martín se ha comprometido a criar sus propios cerdos con el objetivo de cerrar y controlar todo el ciclo de producción. Se ha establecido y desarrollado una línea genética única de cerdos ibéricos de la variedad Lampiña, caracterizada por la delgadez de sus extremidades, su piel sin vello y su excepcional capacidad para infiltrar grasa de forma natural. Estas características distintivas permiten a Montaraz garantizar la máxima calidad, al tiempo que nos diferenciamos gracias a una línea genética única y exclusiva.
Quinta generación
Montaraz inició una nueva etapa generacional en los años 90 con Ramón y Jaime Martín Sánchez al frente de la empresa como directores generales, y ahora Ramón y Victoria Martín Galán, como quinta generación, participan en la expansión y la visión de la empresa.

LEGADO
Cinco generaciones al servicio del ibérico
1890
José Manuel Martín inicia en Frades de la Sierra la producción artesanal de jamones y embutidos ibéricos para consumo propio.
1925
Los hermanos Teodoro y Ramón Martín Crego (hijos de José Manuel Martín) fundan en Villar de Gallimazo el primer matadero y fábrica de embutidos ibéricos.
1982
Ramón Martín Sánchez (hijo de Ramón Martín Crego) toma las riendas del negocio familiar y funda la empresa Jamones y Embutidos JAEM S.A. Crea la marca Montaraz.
1986
Ramón Martín Sánchez tiene una visión pionera y traslada el matadero y la fábrica a una finca rural de 100 hectáreas en el paraje Entrecaños, dando así un impulso medioambiental con el fin de evitar la contaminación en zonas urbanas y garantizar la expansión de futuras instalaciones.
1990
Se inicia el relevo generacional. Ramón Martín Sánchez (hijo) se incorpora a la empresa después de cursar Empresariales y con la ilusión de dar continuidad a la estirpe familiar.
1991
Un año después, gracias a su visión de futuro y al trabajo constante en la innovación, logra ser la primera empresa de ibéricos homologada para exportar a Europa, todo un hito.
2004
Se incorpora el hermano menor, Jaime Martín Sánchez, tras terminar la carrera de Ingeniero de Caminos, con el objetivo de reforzar la tradición de la saga familiar y seguir ampliando horizontes.
2007
Se estrechan aún más los vínculos con Extremadura gracias a que Edita Sánchez Lencero, madre de los hermanos Martín, es de allí; y se funda Señorío de Olivenza, una fábrica ubicada en la dehesa extremeña, el privilegiado hogar del cerdo ibérico.
2014
Después de 7 años de duro trabajo, Montaraz consigue la homologación para exportar a Estados Unidos, un logro que sitúa a la marca como un referente en términos de calidad, sanitarios, capacidad técnica y productiva en el sector.
2019
En diciembre de este año se construye el nuevo matadero con la tecnología más avanzada en el sector, siendo pioneros en sedación con CO2 en Castilla y León y cumpliendo todos los requisitos en pro del bienestar animal.
2022
Con los últimos avances implementados y las tecnologías de última generación de las que dispone el matadero, EEUU homologa las carnes ibéricas de Montaraz para cruzar sus fronteras al cumplir los más altos estándares de calidad. Una concesión que solo logran los mejores. Ya estamos en 50 países.

NUESTRA FILOSOFÍA
“La experiencia no se improvisa. Se hereda, se cultiva y se defiende con cada pieza.”
Cada generación de la Familia Martín ha aportado criterio, conocimiento y dedicación para que Montaraz sea hoy lo que es: una referencia en el universo del jamón de bellota 100% ibérico de España.
NUESTRA SELECCIÓN
Descubre la selección de ibéricos de bellota en la tienda Montaraz, respaldada por generaciones de experiencia y una especial forma de hacer las cosas que sigue marcando la diferencia.
SABER MÁS SOBRE LA FAMILIA MARTÍN
Cinco generaciones de ibérico
La historia de nuestra familia es la base sobre la que se construye todo lo demás. Desde 1890, cinco generaciones de la familia Martín nos hemos dedicado a un solo producto, y cada una ha heredado de la anterior la misma responsabilidad: cuidar un proceso excepcional sin alterarlo.
Esa continuidad no es solo una referencia histórica. En el universo del ibérico, donde la experiencia y el conocimiento acumulado pesan tanto, una trayectoria así aporta legitimidad, profundidad y una autoridad que no se improvisa.
Por eso esta página es mucho más que un “quiénes somos”. Es la explicación de por qué nuestra forma de trabajar influye en cada pieza y de cómo hemos traducido una herencia en valor actual.
Tradición en jamón de bellota 100% ibérico
La tradición, cuando está bien entendida, no consiste en repetir el pasado sin más. Consiste en preservar aquello que aporta valor y saber adaptarlo a nuevas exigencias sin perder la esencia.
En nuestro caso, esa tradición está vinculada al conocimiento profundo del producto, al respeto por los tiempos y a una cultura del detalle que ha pasado de padres a hijos durante más de un siglo. No es un ornamento: es una herramienta real de calidad, y es lo que hace que Montaraz no sea una empresa más del sector, sino una casa con raíces profundas.
De Villar de Gallimazo al mundo
Todo empezó en Villar de Gallimazo, en Salamanca, donde seguimos elaborando y afinando cada pieza a mano, solo con sal marina y tiempo. Nuestros cerdos 100% ibéricos de genética propia se crían en libertad en la dehesa extremeña, y con los años sumamos los secaderos y bodegas naturales de Olivenza, en Extremadura: así nacieron los Dos Afinados.
Hoy nuestros jamones llegan a tiendas gourmet, restaurantes de referencia y mesas internacionales, y Montaraz es el jamón oficial del Bernabéu. Pero la forma de hacer las cosas sigue siendo la misma de siempre.
Lo que hemos aprendido en cinco generaciones
Que el tiempo no se puede acelerar. Que la calidad empieza mucho antes del secadero, en la genética y en la montanera. Que un buen jamón no necesita aditivos ni atajos. Y que la exigencia se demuestra en los detalles que nadie ve: la selección de cada pieza, la observación diaria en el secadero y la paciencia en la bodega.
Una herencia con futuro
Nuestra ambición no es parecer una casa de lujo, sino seguir mereciéndolo cada día. Entendemos el lujo de forma consciente y silenciosa: sin excesos, con autenticidad y con la seguridad de quien lleva más de un siglo haciendo lo mismo, cada vez un poco mejor. Esa es la herencia que recibimos y la que queremos dejar a la siguiente generación.